Inés arruga la nariz.

Inés arruga la nariz cuando está muy emocionada, orgullosa o nerviosa. Lo sé porque es mi hermana. Hubo un tiempo en el que compartimos cama nido, bañador a juego y hasta un piso en Barcelona. También compartimos gran capacidad para pensar en voz alta y en todas direcciones. Eso aún dura, igual que lo de leernos el pensamiento y quitarnos la palabra. Y lo más importante, a ambas nos conmueve la gente en todas sus facetas, momentos y versiones.

Y ve a la gente.

Inés, además de arrugar la nariz y todo lo anterior, ve a la gente. Sabe ver su historia única, escucha sus palabras intransferibles y se las regala de vuelta, subrayadas y en forma de relato. Yo sé construir ese relato con imágenes en movimiento. Imagina las posibilidades. El caso es que un día a Inés se le arrugó la nariz porque la liamos muy gorda, nivel “como se entere mamá, ya verás”.

El punto y la i tenían un plan.

Fue en plena resaca pandémica y el lío adquirió categoría de empresa. Así fue como el punto y la i, las niñas, unieron sus superpoderes en una primavera memorable de 2021 para hacer del mundo un sitio un poco menos malo. Y así llevamos cuatro años, convencidas de que algo hacemos bien cuando siguen volviendo esas personas valientes que confían en nosotras y nos dejan llamarlos clientes.

Mi mundo, un escenario.

Por cierto, yo soy Belén, la que se pegaba como una lapa a su hermana hasta conciliar el sueño y montaba musicales con efectos sonoros en la bañera. La que ve el mundo como un escenario inmenso donde todo es posible y siempre hay algo que contar. También soy la que se atrapa editando vídeos horas infinitas, buscando el plano que haga que todo funcione, que la película surja y se cuente sola. Y adoro mi trabajo, cuando hacerlo supone un reto y cuando sé que alguien lo verá esperando conmoverse.

Siempre de la mano.

Así que un día pensé que emprender con este talento mío y conciliar una familia numerosa pegaban en la misma frase, a lo loco. Bendita primavera en la que Inés accedió a darme de nuevo la mano para que no se me hiciera de noche cerrada. Y en fin, que esto promete. porque nosotras somos de cumplir promesas. Bueno, yo no mucho, pero Inés sí que es de fiar. Compartimos habitación muchos años y sé que es de las que no te suelta la mano aunque también tenga miedo por la noche.

Inés sabe hacer cosas.

Sobre lo relevante en este mundo prosaico en el que vivimos:
Inés es cuentista, psicóloga, especialista en comunicación interna y ha pasado tropecientos inviernos como tal en empresas de gran consumo, como abnegada storyteller y como consultora de las que te salvan la vida. Luego ha pasado muchas primaveras ayudando a ceos y dircoms a sobrevivir a sus dramas internos y externos para que la vida de la gente en sus empresas sea buena y bonita. A veces lo ha conseguido.

Belén también.

Belén es editora y realizadora audiovisual, para lo cual estudió un máster en documental de creación, se aplicó e invirtió tiempo como montadora de cine documental. También ha dirigido y realizado contenidos en la tele, y ha creado docus para diversos museos. A veces va al cine sólo por las palomitas, tiene mucho vocabulario y escribir este párrafo en tercera persona le da risa, pero queda elegante y profesional.

Trabajamos para gente valiente

Ambas se juntan a veces para ver series malas o películas aún peores e inventarse guiones absurdos con diálogos imposibles mientras se ríen como hienas. El resto del tiempo se concentran en seguir trabajando para buena gente, gente valiente que cree en sus poderes. Porque no hay nada más poderoso que una historia bien contada, excepto esa misma historia contada con sonidos e imágenes en movimiento. Y llena de verdad.

Inés arruga la nariz cuando está muy emocionada, orgullosa o nerviosa. Lo sé porque es mi hermana. Hubo un tiempo en el que compartimos cama nido, bañador a juego y hasta un piso en Barcelona. También compartimos gran capacidad para pensar en voz alta y en todas direcciones. Eso aún dura, igual que lo de leernos el pensamiento y quitarnos la palabra. Y lo más importante, a ambas nos conmueve la gente en todas sus facetas, momentos y versiones.

Inés, además de arrugar la nariz y todo lo anterior, ve a la gente. Sabe ver su historia única, escucha sus palabras intransferibles y se las regala de vuelta, subrayadas y en forma de relato. Yo sé construir ese relato con imágenes en movimiento. Imagina las posibilidades.

El caso es que un día a Inés se le arrugó la nariz porque la liamos muy gorda, nivel “como se entere mamá, ya verás”. Fue en plena resaca pandémica y el lío adquirió categoría de empresa. Así fue como el punto y la i, las niñas, unieron sus superpoderes en una primavera memorable de 2021 para hacer del mundo un sitio un poco menos malo. Y así llevamos cuatro años, convencidas de que algo hacemos bien cuando siguen volviendo esas personas valientes que confían en nosotras y nos dejan llamarlos clientes.

Por cierto, yo soy Belén, la que se pegaba como una lapa a su hermana hasta conciliar el sueño y montaba musicales con efectos sonoros en la bañera. La que ve el mundo como un escenario inmenso donde todo es posible y siempre hay algo que contar. También soy la que se atrapa editando vídeos horas infinitas, buscando el plano que haga que todo funcione, que la película surja y se cuente sola. Y adoro mi trabajo, cuando hacerlo supone un reto y cuando sé que alguien lo verá esperando conmoverse.
Así que un día pensé que emprender con este talento mío y conciliar una familia numerosa pegaban en la misma frase, a lo loco. Bendita primavera en la que Inés accedió a darme de nuevo la mano para que no se me hiciera de noche cerrada. Y en fin, que esto promete. porque nosotras somos de cumplir promesas. Bueno, yo no mucho, pero Inés sí que es de fiar. Compartimos habitación muchos años y sé que es de las que no te suelta la mano aunque también tenga miedo por la noche.
Sobre lo relevante en este mundo prosaico en el que vivimos: Inés es cuentista, psicóloga, especialista en comunicación interna y ha pasado tropecientos inviernos como tal en empresas de gran consumo, como abnegada storyteller y como consultora de las que te salvan la vida. Luego ha pasado muchas primaveras ayudando a ceos y dircoms a sobrevivir a sus dramas internos y externos para que la vida de la gente en sus empresas sea buena y bonita. A veces lo ha conseguido.
Belén es editora y realizadora audiovisual, para lo cual estudió un máster en documental de creación, se aplicó e invirtió tiempo como montadora de cine documental. También ha dirigido y realizado contenidos en la tele, y ha creado docus para diversos museos. A veces va al cine sólo por las palomitas, tiene mucho vocabulario y escribir este párrafo en tercera persona le da risa, pero queda elegante y profesional.
Ambas se juntan a veces para ver series malas o películas aún peores e inventarse guiones absurdos con diálogos imposibles mientras se ríen como hienas. El resto del tiempo se concentran en seguir trabajando para buena gente, gente valiente que cree en sus poderes. Porque no hay nada más poderoso que una historia bien contada, excepto esa misma historia contada con sonidos e imágenes en movimiento. Y llena de verdad.